Con noticias de Dios


Archive for Julio 4th, 2010

UNA BODA COMO LA COPA DE UN PINO

Domingo, Julio 4th, 2010

 

    Si yo les cuento que el sábado pasado, en Iowa, Marvin Hunter y Kim Silver, una pareja de cazadores, contrajo matrimonio sobre la copa de un pino, vestidos ambos con un traje de camuflaje diseñado para la ocasión, me dirán que la noticia es muy divertida, pero excéntrica; que no responde a lo que hace el común de los mortales; que la mayoría de los que se casan lo hacen en la iglesia o en el juzgado, vestiditos de buenas personas, y respetando las formalidades al uso.

    Entonces yo les responderé que se equivocan. Si tuviera que mostrar con una imagen, de esas que valen más que mil palabras, cuál es la filosofía con que el occidental medio afronta las relaciones de pareja en la actualidad, recurriría, sin pensarlo dos veces, a la fotografía de los Sres. Hunter subidos al pino y celebrando su amor. Es cierto que después tendría que echar mano de las mil palabras para explicar la analogía, pero eso es lo que me dispongo a hacer ahora.

    Me conformo con setecientas si me ahorran explicaciones sobre la devaluación de la fidelidad. El índice de divorcios y separaciones en Occidente durante los últimos 50 años vuelve ocioso cualquier argumento. Una de las consecuencias de haber expulsado a Dios del horizonte vital de nuestra civilización ha sido la pérdida del sentido de lo eterno. Abandonada la roca que cimentaba al hombre en lo inmutable e imperecedero, el ser humano se precipita en la loca carrera del tiempo, y la vida discurre a gran velocidad, como absorbida por el inevitable sumidero de la muerte. Heráclito se ha adueñado de las mentes y ha revolucionado en presurosa taquicardia los corazones: Panta Rei. Todo se mueve, todo corre, y el que no corre vuela, y el que no vuela se queda atrás y se pierde. Ya no hay caminos, sólo autopistas. Hoy aquí, y mañana quién sabe... No puedo tener hijos; tengo prisa. No puedo comprometerme; tengo mucho que hacer. No puedo rezar; no me queda tiempo, Dios ya lo entiende.

    Perdido el sentido de lo eterno, con la serena felicidad que ofrece al hombre, la única fuente de gozo disponible es la de lo efímero: aprovecha el momento, haz que sea intenso, vive a tope, no pienses y disfruta. El placer tiene mejor prensa que la felicidad, y por eso las crisis de pareja se arreglan en la consulta del sexólogo, experto en ayudar a dar brillo al instante que se pierde tras el uso.

    En el terreno afectivo, semejante forma de vida tiene una traducción tan evidente, que los Sres. Hunter podrían convertirse en los Romeo y Julieta del siglo XXI. Importa más, mucho más, la boda que el matrimonio. La principal preocupación de los hombres y mujeres que se casan en nuestros días no es el futuro lejano, ni la fidelidad conyugal, ni los hijos o nietos, ni la noble aspiración de envejecer juntos y morir unidos. La principal preocupación de la mayoría de contrayentes es la boda misma: que sea bonita, que sea intensa, que deslumbre a los invitados, que quede grabada en la memoria y en el DVD, que todo sea perfecto, que no llueva, que el sacerdote no aburra, que la música emocione, y que el vestido resplandezca. Por eso, lo caro no es tener hijos, que apenas se tienen. Lo caro es casarse: la boda tiene que ser única, irrepetible, fascinante. Que el vídeo triunfe en Youtube. A mí unos novios me pidieron que los casase con música de Dire Straits, y les tuve que decir que nones, lo cual provocó que decidieran contraer matrimonio en otra parroquia. Yo no había captado lo importante que era para ellos.

    En cuanto a la fidelidad, a los hijos y nietos, a envejecer juntos... ¿Quién sabe? Además, ¿qué más da? Mientras haya dinero, una segunda boda, siempre podría aprovecharse para corregir los defectos de la primera. Panta Rei!

José-Fernando Rey Ballesteros

Con noticias de Dios

↑ Grab this Headline Animator