EL DIOS QUE DA Y EL DIOS QUE PIDE
Muchachos, ¿tenéis pescado?, pregunta Jesús Resucitado, pedigüeño empedernido, a los pescadores que han pasado la noche trabajando en vano.
¿Qué hace un resucitado pidiendo limosna? ¿Qué mueve a un Dios, que todo lo tiene, a extender su mano suplicando comida a unos pobres hombres que ni siquiera han sido capaces de lograr su propio sustento? ¡Misterioso Jesús!
Mucha gente conozco enamorada del Dios que da, del Creador que atiende a las peticiones de os hombres, escucha sus súplicas y les concede cuanto le piden. Al propio Jesús lo siguieron multitudes cuando curaba a los enfermos, multiplicaba los panes y los peces, y resucitaba a los muertos. Un Dios que da siempre estará de moda.
Sin embargo, al Dios que pide pocos lo aman, y muchos le tienen miedo. No han entendido a este maravilloso Señor, que ama más cuando pide que cuando da. No han alcanzado a comprender que Dios, cuando pide, no lo hace porque necesite nada del hombre, Él que ha creado el Universo y todo lo tiene. Dios pide a sus elegidos, les pide mucho, para que se vacíen de sí mismos. Y, cuando sus elegidos le dicen que sí, y se lo entregan todo, entonces el propio Dios los llena con su presencia. No les da sólo sus dones: salud, paz, trabajo... Esos dones, al cabo de un tiempo, son juguetes rotos, porque pasan. Sin embargo, cuando el hombre le da a Dios lo que Dios le pide, Dios se da a Sí mismo, y ese hombre resulta ser un templo de Dios vivo, santo y feliz eternamente.
No tengáis nunca miedo al Dios que pide. recordad que Dios, a quienes ama mucho, les pide mucho, para dárselo todo.
José-Fernando Rey Ballesteros
