GOLES Y ESPERANZAS
Probablemente, cuando ustedes lean estas líneas, estarán hablando de otra cosa, porque ya sabrán si España es o no es campeona mundial de fútbol. Yo escribo antes de la final, y sigo anclado en el cabezazo de Puyol.
Quizá por eso, estoy viviendo un sueño de esperanza, o quizá, quién sabe, despertando de una pesadilla para comprobar que la realidad es menos amenazante de lo que la pintan nuestros fantasmas. Se nos dice que España está al borde de su disolución como país, que nos precipitamos vertiginosamente en el abismo de la balcanización... Y hoy pienso: “sí, pero menos”. La euforia balompédica ha llenado nuestras ventanas de banderas de España, y por las calles y las plazas se escucha: “Yo soy español, español, español”... Puede que nuestro país se haya convertido en un enorme club de fútbol, y que la bandera nacional tenga las mismas resonancias patrióticas que los colores de un equipo, pero nadie puede negar que esos colores unen a la afición. Algo queda, amigos lectores, algo queda cuando al enfermo le mencionan el balón y su corazón, que ya parecía apagarse, comienza a latir a toda velocidad. Habrá que aferrarse a ese “algo” y comenzar a construir desde allí, aunque para ello fuese necesario añadir una bota de fútbol al escudo que adorna la bandera.
Se nos dice, también, que España ya no es católica, que está paganizada, y que los católicos hemos quedado reducidos a una minoría casi insignificante. Pero leo que, según la última encuesta del CIS, el 72,7 por ciento de los españoles se declara católico. Ya sé que, de ese 72,7 por ciento, sólo un 13,4 afirma asistir regularmente a la iglesia. Pero el que haya una inmensa mayoría (¡casi tres cuartos!) de los habitantes de nuestro país que, a pesar de no frecuentar los templos, se declaren católicos es un dato más que significativo.
Si después de las demoledoras campañas para legalizar el matrimonio homosexual, para convertir el aborto en un derecho, para retirar de la vida pública cualquier atisbo de religiosidad, para mostrar a la Iglesia Católica como una cueva de pederastas y corruptores, para promover el divorcio “express”, y después de infinidad de horas de educación sexual en los colegios, de “Física o química”, norias, wyomings y Gran Hermano, no se ha conseguido que en España se odie a la Iglesia, y todavía un 72,7 por ciento de la población se declara católica, convendrán conmigo en que algo muy fuerte hay en las raíces cristianas de los españoles. Irán o no irán a misa (que todo se andará), pero a Cristo no lo sacan del corazón de los hispanos ni con agua hirviendo.
El paralelismo con el fútbol está más que justificado: aquí podemos estar dándonos de sopapos entre nosotros a costa de la “puta España” (con perdón, pero Rubianes dixit); ahora bien, en cuanto se nos ponen delante los alemanes, “yo soy español, español, español”... Podemos echar pestes de los curas y de los obispos, podemos saltarnos la misa a la torera cuando nos dé la gana, podemos casarnos por lo civil o juntarnos para evitarnos ceremonias, pero, si viene el CIS y nos pregunta, católicos de toda la vida de Dios.
Repito: hay esperanza. Puede que las hojas y el tallo de nuestra hispanidad estén castigados por los vientos, por las heladas o por la polvareda de una manada de elefantes; pero las raíces aún están muy vivas. Harán falta, es cierto, buenos jardineros que sepan reanimar la planta, pero estoy convencido de que vendrán. Por de pronto, el año próximo, el gran jardinero de Dios, Benedicto XVI, se dará una vuelta por Madrid, y ya verán como millones de jóvenes, de esos que no van a misa y que a veces hasta insultan a los sacerdotes por la calle, se apelotonan en torno a él gritando “Beeeenedicto”, como en el fútbol. Y a nuestro querido Cardenal Rouco quizá le crezca una melena rizada como la de Puyol: Jesucristo habrá marcado otro golazo. Aunque el final del encuentro, lo sé, queda todavía lejos, este partido lo vamos a ganar.
José-Fernando Rey Ballesteros

Julio 12th, 2010 at 4:57 pm
En un anterior post hice un comentario bastante negativo sobre ese supuesto patriotismo que se vivía con la selección pero, ahora, una vez acabado el Mundial, y habiéndonos proclamado campeones, creo que se pueden extraer unas cuantas buenas lecciones de este triunfo. Me sumo, pues, a la línea esperanzadora de este artículo. Que todo lo que esta victoria tiene de esfuerzo en común, de ilusión y de una manera sencilla de hacer las cosas (sin estridencias maradonianas) perdure en el tiempo.
Julio 12th, 2010 at 8:49 pm
No sé si el Padre peca de exceso de confianza, pero bueno, no matemos la esperanza. Yo creo mas bien que aquí como en muchos temas, hay dos Españas. Una, cristiana, y como Dios manda, bueno, de aquella manera.
Y otra muy confusa cuando no muy mala. Hace falta mucho espíritu de trabajo, de sacrificio, de altura de miras. Y hay una mitad del país que vive anestesiada, mirándose al ombligo, cuando no precipitándose directamente al abismo.
Y hay otra que hace lo que puede. En fin, paciencia.
Julio 13th, 2010 at 4:36 pm
Lo que no sé, Juan José, es qué se entiende por esa España cristiana. Si comprende a todo ese 72,7 por ciento de los que se declaran católicos o no.
Si trasladamos esto a los jugadores de la selección española, se dice de ellos que son chicos buenos, sanos, etc. Tal vez, a la mayoría, se los podría considerar parte de esa España cristiana, pero viendo cómo hablaban algunos ayer tengo mis dudas. No en cuanto a que sean buenos chicos, pero sí en que vivan todo lo que les está sucediendo desde los ojos de la fe. Y, francamente, no creo que se pueda asumir semejante experiencia si no es de esa manera. Tal vez, el día de mañana, cuando alguno pase desapercibido por las mismas calles en las que ayer les jaleaban las multitudes, piense que no era suficiente con ser bueno o sanote. Que eso no bastaba para rechazar determinadas proposiciones o ser conscientes de la propia condición humana.
Julio 13th, 2010 at 7:00 pm
Tienes razón Juan Jose, creo que D. Fernando peca de confianza, bueno no, no peca, es solo una forma de hablar claro. El problema es que de ese 72,7 por ciento que se declara católico “de aquella manera” solo el 10% va a misa y eso siendo bastante generoso. Me parece que entonces hay mas de dos Españas en este asunto, sí, tienes razón en que hay una parte de esa España muy confusa pero no creo que “muy mala” pienso que el que esta confuso, por definición esta buscando algo fuera de si, y no sabe que es posible que lo que busca lo tenga dentro.
En cuanto a la ola irrefrenable de patriotismo, en fin….. que queréis que os diga, como yo no soy tan optimista como D. Fernando, creo que durara poco mas o menos……..unos quince días, o al menos lo que los medios, sigan machacando con las imágenes de los goles y el beso de Casillas a su chica. Que por cierto espero que signifique una petición de matrimonio en toda regla.
Y que decir de los jugadores y su ser buenos chicos, sanos etc. Estoy seguro que lo son, aunque no son muy bien educados en sus expresiones verbales. Seguramente todos de declaran católicos y creyentes y todo eso, incluso el “Crak Iniesta” a declarado que va ha emprender el camino de santiago como promesa que hizo si ganaba el mundial.
Estos fenomenales chicos, casi todos como son de pueblo, han recibido de sus padres una educación cristiana, y algo siempre queda, se santiguan cuando salen al campo y algunos los goles se los dedican al cielo. Pero estoy seguro que la mayoría no pisa una iglesia jamas, o solo para asistir a una boda o algún funeral.
Pero esto por desgracia es lo habitual en los chicos de su edad. Cambiar esa situación depende los cristianos que estamos en el mundo y del Espíritu Santo, y no de los goles que marquen Villa y compañía. Todo esto que esta pasando tan bonito en estos días sera un espejismo y si no al tiempo.
Julio 14th, 2010 at 3:50 pm
A mi tanto fútbol me cansa, la verdad. Ví los partidos de la final y semifinal enteros, cosa que no hacía desde hace 10 años. No soy futbolero. Y es triste que al final, lo único que un país tenga en común sea la selección nacional.
Pero bueno, menos da una piedra. En otro orden de cosas, tengo una duda. Necesitaría alguna opinión sobre los sucesos de Garabandal. No tengo claro si provienen de Dios o del demonio.