Con noticias de Dios


A DIEZ AÑOS DEL ZAPATAZO

 

    Recuerdo muy bien aquel 22 de julio de 2000. Yo me encontraba en Astorga, en las convivencias de verano de Acción Católica de Madrid, y compartía mesa y paseos con el teólogo José-Antonio Sayés. He escrito “paseos”, pero debería haber escrito “caminatas”. Cuando a uno lo abducen en chanclas bajo la excusa de “vamos a hablar un momentito”, y lo transportan, con semejante calzado, a lo largo de un camino de ocho kilómetros, la palabra “paseo” no es la más adecuada para relatar la experiencia. José-Antonio Sayés me lo hacía constantemente. Otras veces, en cuanto le veía, subía corriendo a por las botas. Y, entonces, todo su recorrido consistía en acercarnos a la exposición “Las edades del hombre”, que en aquel año se celebraba en la Catedral de Astorga. Encontrarse calzado con las botas de siete leguas ante la Divina Pastora no dejaba de provocar cierta sensación de ridículo.

    Aquella tarde tocó caminata; y en chanclas, porque José-Antonio me cogió de improviso. Había dos noticias, y el bueno del Dr. Sayés necesitaba comentarlas urgentemente. La primera era una despedida: Redondo abandonaba el Real Madrid. “¡Qué error!”, gritaba José-Antonio por los campos de Astorga, “¡Qué error!”... La segunda noticia era una “bienvenida”: un tal José-Luis Rodríguez Zapatero había sido elegido Secretario General del PSOE, tras el batacazo de Almunia en las Elecciones Generales. “¡Quieren perder también las próximas!”, auguraba el teólogo; “han puesto en la picota a un monigote para que se estrelle. Ése hombre no es nadie; ni siquiera sabe hablar”. ¡Quién le iba a decir a José-Antonio Sayés que, diez años después de aquella conversación, aquel “monigote” estaría cumpliendo su sexto año de gobierno sobre la Piel de Toro! Yo, desde luego, no se lo pude decir, entre otras cosas porque los pies casi me sangraban sobre las desgastadas suelas de mis pobres chanclas. En aquel 2000, los españoles aún pagábamos nuestras compras en pesetas, y, bajo el imperio de aquella vetusta moneda, nadie daba un duro por Zapatero.

    No he vuelto a ver a Sayés desde entonces, con la excepción de una visita del teólogo a Madrid, pocos meses después, en la que pasó por mi parroquia con la velocidad con que el rayo atraviesa las nubes. Pero, si hoy pudiese estar con él, adecuadamente calzado y preparado para sus “paseos”, no dudaría en recordarle la conversación de aquel 22 de julio de 2000. Diez años después, nadie habla en España de Redondo, y Zapatero es noticia cada mañana en todos los diarios. ¡Quién lo iba a decir!

    Nunca he culpado a ZP de ninguna de las desgracias que han sobrevenido a nuestro país. ZP no es sino un icono (por usar una palabra más elegante que la de “monigote” para referirme a quien ahora es Presidente del Gobierno), pero es el icono que 11 millones de españoles han elegido levantar. Zapatero no ha cambiado a España: es España la que ha cambiado y ha encumbrado a Zapatero. Hasta la llegada de la crisis, él no ha hecho sino lo que su electorado deseaba verle hacer; en ese sentido, ha cumplido todas las expectativas. Si no fuera por la situación económica, es muy probable que ZP obtuviese un tercer mandato. No nos engañemos: hay 11 millones de personas en España que están encantadas con el matrimonio homosexual, con la Ley de Aborto, con el divorcio express, con la retirada de símbolos religiosos, con la Educación para la Ciudadanía y con la píldora del día después. Sé que los cristianos (excluyendo el sector “Bono”) nos sentimos a disgusto con todo ello, pero... ¿Qué hemos hecho para cambiarlo?

    La mayor parte de las veces, errar el tiro. Hemos disparado nuestras diatribas hacia arriba, hacia el Gobierno, en lugar de intentar expandir nuestro mensaje hacia los lados, hacia la base social que ha encumbrado a ese Gobierno. Si, en lugar de atrincherarnos tras nuestras barricadas sociales y mediáticas, hubiésemos abierto el Evangelio, nuestra táctica sería la de la levadura en la masa y la de la sal de la Tierra. Lo que es urgente no es tanto la protesta como el apostolado, ni lo es tanto la pancarta como el testimonio personal. Si cada cristiano invitase a cenar a cuatro o cinco votantes de ZP, si rezara por esos cuatro o cinco y lograse trabar con ellos una verdadera amistad, si se decidiese a dar ante ellos testimonio de su Fe y a hablarles abiertamente de Cristo, de esos cuatro o cinco, al cabo de un tiempo, al menos uno o dos se convertirían. Pero primero quizá debamos convertirnos nosotros. No olvidemos que Dios ha puesto en nuestras manos una fuerza muy superior a todas la ideologías de moda; sólo hace falta que la desatemos. Para ello, debemos perder dos miedos: el miedo a ser santos, y el miedo a amar a nuestros enemigos. Uno no puede invitar a cenar con gusto a aquellos a quienes desprecia. Y, si despreciamos a quienes persiguen a la Iglesia, jamás los ganaremos para Cristo. Debemos amar fuertemente a quienes son distintos, rezar con verdadero celo por los gobernantes, y mostrarnos cercanos a aquéllos que denigran nuestra Fe. Después comenzará la conquista. Lancémonos de lleno a esta cruzada apostólica y, quizá dentro de otros diez años, nos encontremos dando gracias a Dios porque ZP consiguió que despertásemos.

José-Fernando Rey Ballesteros

3 Responses to “A DIEZ AÑOS DEL ZAPATAZO”

  1. Pablo García Says:

    Si la fe de los cristianos en Cristo fuese tan grande como la de los votantes de ZP en su “mesías”, sería factible lo que propones, Fernando (me refiero a lo de invitar a cenar a fans de ZP para intentar trocar su fe en ZP por fe en la Iglesia). Pero yo creo que, en general, nuestra fe es de opereta. Es más, yo creo que ni siquiera la tenemos (siempre hay excepciones, claro). La gente cumple con ciertos ritos con mayor o menor apariencia de fervor, pero en cuanto rascas un poco, ves que casi todo se queda en la cáscara (yo mismo soy un ejemplo de eso). Hay demasiadas cosas que no entendemos, algunas veces por falta de formación, y otras por exceso de ella. Supongo que la fe más fuerte es esa que se tiene sin hacerse preguntas, sin plantearse dudas, y esa es la que muchos de los incondicionales de ZP tienen. Ven que la cosa no va bien, pero escuchan a su líder y creen lo que les dice. Da igual que haya mentido unas cuantas veces, es su líder y lo adoran.

  2. Jesus Carrera Says:

    Tienes bastante razón en algunas cosas Pablo, sobre todo en que nuestra fe es bastante mejorable, sin duda, también la mía. La diferencia es que nuestra fe es sobre algo divino y trascendente y no sobre un ídolo de barro. ¿ Sabes cuando dejaran de adorarlo ? pues cuando una cosa tan prosaica y tampoco divina les afecte directamente y esa cosa es…. el bolsillo. hasta entonces seguirán adorándolo.
    En contestación a D. Fernando, yo creo que para invitar a cenar a los fans de ZETAPARO o de cualquier otro, el problema es que la mayoría de los católicos aunque tengamos mucha fe, no tenemos los conocimientos mínimos necesarios incluso sobre los elementos básicos de nuestra religión. Creo que al menos por mi parte a no ser que en una discusión o conversación sobre temas religiosos, hable por mi El Espíritu Santo, me faltarán muchos argumentos y como hasta ahora por desgracia no lo ha hecho, tendré que formarme mucho mas.

  3. juan ignacio Says:

    El otro día me despertó el Espíritu Santo. Era demasiado temprano y así se lo dije. Necesitaba dormir más
    Os preguntareis porque sabía yo que era el Espíritu Santo. Pues porque me había quedado dormido leyendo la Biblia y ahora enrollada entre las sabanas se me clavaba en una costilla. Cogí la Biblia y la tire lejos entre sueños con la mala fortuna de darle en la cabeza a mi hijo pequeño que dormía en la cama de al lado
    Estaba claro que el Espíritu Santo me iba a despertar de todas formas y está vez era en forma de chillido de niño

    Bueno el caso es que de madrugada me encontraba en el salón más dormido que despierto con el libro de Pagola sobre Jesús, abierto al azar por mi hijo pequeño en sus juegos, el que había llevado el librazo, y yo leía descuidadamente en sus paginas finales abiertas la pregunta ¿Quién es Jesús?
    y respondía Pagola que la respuesta sólo puede ser personal. No lo que dicen los concilios, ni los grandes dogmas cristológicos, ni lo que explican los teólogos y así justifica su libro de 400 páginas
    En fín que me fuí a la cocina y me bebí un poco leche y conecte la radio que emitía en ese momento la repetición nocturna del catecismo de radioMaría y el obispo de San Sebastían decía “cuando la iglesía ha tenidos dudas importantes siempre se han resuelto con la máxima -creemos lo que rezamos- y se repasaba cuidadosamente las oraciones que se rezan

    Bueno, le di las gracias al Espíritu Santo y le dije que me volvía a la cama, que sí, que me había enterado de que para contestar quién es Jesús no hace falta escribir 400 paginas sino repasar lo que rezo, porque realmente es en lo que creo y lo que creo es lo que digo que es Jesús

    Y esto que va con vosotros. Pues chicos visto lo que rezamos los cristianos creemos en cosas maravillosas. Y si os falta fe pues más oración y si se tienen dudas repasa lo que rezas. Y si crees que no tienes mucha fe atrévete a no rezar para siempre y veras como tu fe te muele a sopapos y vuelves a rezar

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